Investigadores de la Universidad de Warwick (Estados Unidos) han identificado el primer candidato a planeta de segunda generación descubierto alrededor de una enana blanca, según un estudio publicado en Nature Astronomy. El hallazgo, señalan los autores, indica que pueden formarse nuevos mundos después de la muerte de la estrella a la que orbitan.
El trabajo se centra en la enana blanca HS 0209+0832, cuyo análisis atmosférico reveló elementos pesados como el zinc y el cobre, habituales tras la muerte de una estrella, y concentraciones de niobio 1.000 veces superiores a las del Sol. Para Nicholas Stone, investigador de la Universidad de Wisconsin (EE UU) y uno de los autores, ese conjunto de elementos es un indicio del «proceso», una reacción nuclear que genera elementos pesados en el interior de estrellas moribundas durante su fase de gigante roja. «Se trata de una firma química que ningún planeta ordinario de “primera generación” debería presentar, lo que nos indica que este nuevo mundo es algo diferente», afirma el astrónomo.
El equipo considera que la explicación más plausible es que la enana blanca se alimentó de un planeta de segunda generación recién formado, condensado a partir del disco de material generado tras la muerte de la propia estrella. Al proceder ese anillo de los restos expulsados, es coherente que sea rico en los elementos pesados que ahora aparecen en la atmósfera de la enana blanca.
Un brillo cada 4,4 días
Gracias al satélite TESS de la NASA, los expertos detectaron un brillo regular procedente del planeta que se repetía cada 4,4 días. Eso reveló la existencia de un cuerpo del tamaño de Júpiter muy cerca de la enana blanca, atrapado en una órbita tan estrecha que siempre muestra la misma cara hacia la estrella. A esa distancia, según los autores, se espera que la atmósfera exterior del planeta se esté evaporando bajo la intensa radiación y que el material que escapa caiga sobre la superficie de la enana blanca y produzca la firma química observada.
El primer autor del trabajo, Jamie Williams, explica que los planetas de segunda generación son mundos que se forman a partir del material que una estrella genera cuando muere. En su opinión, son muy raros y encontrar uno alrededor de una enana blanca fue algo inesperado. «Es como encontrar un planeta que ha renacido de las cenizas de la estrella que en su día orbitaba», expresa.
Williams añade que la formación del disco protoplanetario no es un proceso sencillo, lo que explica la rareza de estos planetas. Una estrella aislada muere y expulsa masa de forma más o menos simétrica, pero para formar el anillo con capacidad de generar un planeta es probable que HS 0209+0832 necesitara una estrella compañera que atrajera el material expulsado de vuelta a la órbita en lugar de dejar que se escapara.
Otro de los autores, Boris Gänsicke, subraya que lo más destacable del planeta es que no procede de otro lugar ni es un superviviente del nacimiento del sistema, sino que parece haberse formado a partir del mismo material que su estrella expulsó al morir. «En cierto sentido, este sistema ha dado origen a un nuevo mundo utilizando los cimientos del antiguo», afirma. El astrofísico plantea además cuántos podrían existir y si el propio sistema solar podría albergar un planeta de segunda generación formado a partir de las cenizas del Sol.
De confirmarse, esta estrella sería la primera enana blanca en la que se ha encontrado un planeta de segunda generación, lo que abre una nueva vía para buscar mundos nacidos de forma similar. Hasta ahora ya se sospechaba de la existencia de planetas nacidos alrededor de púlsares, estrellas de neutrones que giran a gran velocidad, pero este hallazgo muestra que existen otros creados con los restos de una enana blanca.



